Nueva novela a la vista

Hace unos días puse el punto y final a mi nueva historia. Aunque tras este punto queda todavía mucho trabajo por hacer, atrás quedan años de insomnio, de conocer a Constanza, a Henry, a Ernesto, de preocuparme por los problemas de sus hijos, de reírme con las charlas de sus amigas y con los muchos guiños que he disfrutado incluyendo en el texto ―a ver quién los descubre. Es la quinta novela, y dicen que no hay quinto malo. Ojalá se cumpla el dicho.

Atrás quedan tres años difíciles y no sé cuánto tiempo más queda por delante: revisiones, corrección, lectores cero, nueva corrección, agencia, búsqueda de editorial…

Empecé la novela con mucha fuerza, con la idea muy clara de cómo quería contar la historia. No es algo original y disruptivo como ha sido El infiltrado, es una historia de amores y desamores que nació en un relato incluido en Breverías y publicado con anterioridad en una antología de la Generación Bibliocafé ―Una maleta llena de relatos―. Fuisteis muchos los que me pedisteis más información sobre la vida de la protagonista de Despedida: qué la había empujado a tomar una decisión tan drástica, cómo había sido la vida de Constanza hasta ese momento y qué futuro le esperaba, ya que en el relato el final quedaba abierto a cualquier posibilidad. ¿Qué puede empujar a una mujer de mediana edad a dejarlo todo, marido, hijos, residencia? ¿Cómo se afronta un cambio tan radical? ¿Somos dueños de nuestras decisiones? Y eso he intentado hacer, responder a lo que muchos lectores me pedían. Como digo, la historia se ha contado muchas veces, como casi todas. Los amigos puristas dicen que desde los clásicos de la antigua Grecia no hay nada nuevo bajo el sol literario y todo está contado. Por eso me he esforzado en narrarlo de una forma original, que la lectura sea rápida y, como siempre, sin juzgar a los personajes. El lector valorará cuánto de locura hay en su conducta y cuánto de coherencia, poniéndose en los zapatos de cada personaje. Como todos mis libros ―incluido El infiltrado, aunque discurra en un paraje oscuro creado por mi imaginación― se trata de una historia tan real como nuestro día a día y a buen seguro más de una persona se sentirá reflejada. Puede que comprendida. Puede que retratada.

Tras adentrarme en la atmósfera subyugante de Arlodia necesitaba volver a mis orígenes, a lo contemporáneo, a emociones cercanas aunque  me fueran ajenas y saliera de mi entorno. Quise acercarme a mundos que me gustan y me interesan, como el cine y la cocina, y a una ciudad de la que guardo muy grato recuerdo. En San Sebastián trabajé durante dos años en un proyecto muy bonito y viajaba a la ciudad cada dos semanas. Allí conocí a gente maravillosa, viví el glamour del festival de cine y me enamoré de sus calles y su cocina de mano de la mejor cicerone, Mayi Colera, a quien hago mi pequeño homenaje en esta historia que espero lea algún día.

He regresado allí durante el último año, sobre todo con la segunda mitad de la novela, y me quedo con las ganas de volver para pasear por la Concha y recorrer los escenarios que he escogido para esta nueva historia.

Han sido tres años con muchas interrupciones en la escritura, pero con la vista siempre puesta en un final que tenía muy claro desde el principio. Sabía adonde llegar, aunque los baches hayan alargado mucho el camino. Una operación en un pie me dejó coja durante casi dos años con una recuperación dolorosa, no estaba el cuerpo para mucha escritura y costaba concentrarse. Un accidente me fracturó dos vértebras y pasé otros dos meses casi sin movilidad y con dolores de por vida cuando me siento a escribir que, en definitiva, es mi principal trabajo. Silla de oficina nueva, cojines especiales, cambio de postura cada poco… Y una nueva interrupción en la escritura. A cada parón hubo que releer lo escrito para volver a encontrar el tono y empaparse de unos personajes difuminados por los problemas. Cuando parecía que volvía a la senda productiva, se cruza una pandemia que ocupó mucho espacio en la cabeza y en las reflexiones. Y para rematar las aventuras y desventuras de la #sinnombre asistí impotente a cómo un elemento peligroso y con muy malas intenciones me machacaba a saco en sus redes sociales durante casi dos meses con mentiras  que muchos se tragaron con devoción -el tiempo dará y quitará razones- y que me ha robado mucho tiempo material de escritura. Tener tan claro el final ha sido una ayuda en esta carrera de obstáculos en la que no he dejado de avanzar aunque tuviera que retroceder alguna vez para tomar impulso. La vida cotidiana con sus problemas y sinsabores habituales casi que ni me ha pesado.

Uno de los efectos de todas estas disrupciones ha sido el alargamiento de la novela. Ciento cincuenta mil quinientas veinte palabras son muchas palabras, demasiadas. Quería hacer una novela corta, más o menos como El infiltrado, y se ha ido a más del doble. También la estructura con cuatro narradores y cuatro puntos de vista ha alargado el texto, pero creo que le ha dado un toque original aunque no sea algo nuevo.

Mi reto ahora es reducirla al menos en un tercio, aunque otra posibilidad, dada la estructura que tiene, sería dividirla en dos partes. Imagino que será cuestión de la editorial, pero yo preferiría que fuera una única novela ya que así la he pensado. No es fácil hacer una reducción tan drástica, pero en ello estoy. Entre eso y la promoción de El infiltrado, que me está haciendo recorrer muchos lugares de la geografía española, veréis que escribo poco en el blog y estoy mucho menos activa en redes, pero ahora toca centrarse en este nuevo proyecto en los huecos que las firmas me dejen y acabarlo cuanto antes.

Gracias por estar ahí, sois una poderosa razón para seguir escribiendo.

Os dejo, para quien pueda interesarle venir, las fechas de firmas en la próxima Feria del Libro de Valencia. Como siempre, me encantará saludaros. Y adelanto que el 30 de octubre estaré durante todo el día en Gandía, en Casa del Libro.

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