#DiaMundialdelLibroInfantil

Hoy es el día del libro infantil y juvenil. Sólo he escrito tres cuentos para este público, dos de ellos están colgados en mi blog (como el resto de mis relatos). El primero lo escribí para un cuentacuentos en el que me ofrecieron participar. En realidad me pidieron que leyera El soldadito de plomo. Me lo enviaron por correo electrónico y me puse a ensayar la lectura para hacerlo bien, el público infantil es muy exigente ―que se lo digan a mi amiga Anabel Botella y Juanjo Grau que con sus actuaciones se ganan sus corazoncitos cada semana―. El caso es que empecé a leerlo y me entró un desasosiego… El cuento es terrible, de los más tristes. Visualicé la escena con todos los niños a mi alrededor llorando por el soldadito y decidí que necesitaba un plan B. Me puse manos al ordenador y tras muchas horas de padecimiento y dolores parí un cuento infantil navideño, ya que era para leerlo en víspera de Reyes. Escribirlo fue duro, pero leerlo delante de los niños, todos sentaditos alrededor, fue peor que estar ante el tribunal de una oposición.

Los niños escuchan sin pestañear, como si tuvieran una conexión mental contigo y oyeran más allá de tu voz. Los padres vigilaban a pocos metros, al principio con cara de fastidio, después más relajados y con alguna sonrisa.

 

Se me hizo largo, parecía que no acababa nunca y pensé que era excesivo para niños tan pequeños a pesar de su inmovilidad y atención.

Los nervios aceleraron el final del relato y los aplausos y las sonrisas fueron la mejor recompensa porque los niños no engañan. Salió recogido en una antología solidaria que imagino que ya no sigue a la venta, pero el cuento podéis leerlo aquí: El niño que se convirtió en Rey Mago.


La segunda experiencia fue un cuento juvenil. Su creación surgió de una forma muy bonita, guiada por una persona muy especial, y fue un reto más difícil que el anterior. No voy a hablar de él porque ya lo hice en Zenda en un artículo que para mí significa mucho. Es algo críptico, admite muchas interpretaciones, cada uno dará la suya, pero se entiende. Este también podéis leerlo en esta web pinchando aquí: Una cita truncada. Mi premio fue la ilusión arrancada a ese colaborador tan especial cuando lo vio terminado y pudo leerlo.

Y el último, ay, el último. El último lo escribí por una petición que me ilusionó mucho. Me puse a ello antes de las vacaciones de agosto del año pasado. A la vuelta lo repasé, revisé y requeterevisé. Me pasaron las ilustraciones ―me parecieron preciosas, lo maquetamos y pensé que saldría para navidad. Y así llevo desde entonces, como Roger Rabbit cuando escucha golpear el bastón sobre las tablas del escenario, ansiosa a la espera de que se levante el telón y llegue a sus destinatarios. Pero nada, que no, que se ha atascado en la casilla de salida y no sale. No puedo dar más información, pero ojalá muy pronto podáis leerlo. Es un proyecto muy bonito y espero que guste y sirva para el fin que fue creado.

Cada uno de ellos me ha supuesto un esfuerzo adicional respecto a otros trabajos literarios y me ha hecho valorar más si cabe el trabajo de los creadores de historias para el público infantil y juvenil. Los clásicos y los actuales. Ellos alimentaron mi infancia lectrora, me ayudaron a asimilar el miedo y la frustración, aprendí valores, desarrollé mi imaginación y tal vez en parte por ellos escribo. Gracias a estos escritores algún día estos niños lectores serán adultos curiosos, adultos que deseen leer otras historias, imaginarlas, vivirlas y esos libros que escribimos tendrán un futuro Si no fuera por ellos, tarde o temprano nosotros despareceríamos aun así estamos en vía de extinción. Por eso hoy, en el #DiaMundialdelLibroInfantil y casi por los pelos, quiero hacer este pequeño homenaje a los escritores de cuentos y libros infantiles y juveniles, y darles las gracias por este trabajo tan difícil como necesario.

 

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