Decir que no

Hace meses que no escribo y me siento en deuda con este espacio y la gente que amablemente me sigue. Está siendo un año difícil, con muchos frentes abiertos, demasiados, aunque estoy mejor que nunca. Menos mal, porque si fuera de otra forma no podría sobrellevarlo.

El caso es que he llevado un semestre loco entre presentaciones, clubs de lectura y colaboraciones con todos los que me lo piden. Y eso es parte de mi problema, que digo sí a todo, y hay que aprender a decir que no. Ni para leer tengo tiempo, con lo que me gusta; y para escribir o rematar flecos de mi tercera novela tampoco me queda un suspiro. Muchos me escriben para preguntarme cuando saldrá. No puedo saberlo porque los caminos editoriales son inescrutables, pero mínimo tardará uno o dos años. Mucho tiempo, lo sé, pero a estas fechas los catálogos de 2015 seguramente están cerrados.

Sin comentar nada de mi vida personal, que también me está robando tiempo con situaciones de todo tipo, buenas, malas y regulares, en este tiempo de ausencia he acudido a Madrid, Barcelona, Torrent, Liria, Bocairent, y Zaragoza para presentar Las guerras de Elena y estuve tres días en la Feria del Libro. Además mantengo las cuentas de Twitter y Facebook, más dos páginas y un grupo, las webs oficiales de las novelas y la mía propia, y tengo la sana costumbre de contestar a todo el mundo, un mundo, por suerte, cada vez más amplio. He asistido a cuatro clubs de lectura, he escrito algunos artículos y colaborado en la edición de una antología de relatos que el grupo literario El Cuaderno Rojo ―al que pertenezco― vamos a sacar el próximo mes de junio y de la que ya informaré por si queréis venir a la presentación. Por si alguien quiere tomar nota, será en L’Iber (Museo del soldadito de plomo, Valencia), el 26 de junio a las 19:30. También he grabado entrevistas de radio, o para blogs o canales de youtube. Incluso he participado en un homenaje teatral a las víctimas del terrorismo recitando a Shakespeare por primera vez en mi vida ―para no repetir― y aún me quedan un par de colaboraciones que me han pedido y están pendientes. Experiencias todas ellas estupendas y en las que he disfrutado mucho, pero que también me desvían de lo que debo hacer, que es escribir y, a ser posible, encontrar un agente, porque hacer todo esto sin más apoyo que el de algunas buenas amigas que se han dejado la salud en el camino, lleva mucho tiempo y esfuerzo.

El esfuerzo no me molesta, disfruto con lo que hago, pero el tiempo se me escapa entre las manos y mis objetivos principales ser feliz y escribir quedan relegados al último puesto. Intento corregir mi tercer manuscrito con los últimos comentarios de una amigo excepcional, y no avanzo.

Por eso me he propuesto aprender a decir que NO, antes de acabar cazando moscas, y espero que se entienda. Así, tal vez, consiga mantener este blog al día a pesar de la lata que me da entre bambalinas el continuo spam que me tiene machacada y comenzar al fin mi cuarto proyecto narrativo.


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