Balcanes en la memoria

Hace mucho que no escribo. Cuando digo que no escribo no me refiero al blog, me refiero a todo. Nunca había pasado tanto tiempo sin teclear y eso me provoca una sensación extraña, entre el síndrome de abstinencia y la angustia de las consecuencias de ponerme a hacerlo. Han pasado muchas cosas en el último año que han influido en esta apatía o aversión a escribir, alguna de las cuales se produjo hace un año y sigo esperando poder decir que está en vías de solución.

Sin embargo, aquí estoy de nuevo, no sé si de forma anecdótica o duradera, empujada por María S., por mi entorno y por las vivencias recientes.

El destino es caprichoso. Si hace dos años, en 2020, no hubiera habido pandemia, lo que ahora voy a escribir habría sido diferente. Pero empiezo por el principio.

Hace bastantes años, durante una tarde de voluntariado, conocí la historia fascinante de una mujer valiente a quien la guerra de los Balcanes la pilló joven, con un niño pequeño y un marido alistado a la fuerza. Su historia se me quedó en la cabeza como posible embrión de una novela, pero era un proyecto que requería de mucha documentación y, sobre todo, de comprensión de un conflicto que conocía con la superficialidad habitual de seguirlo tan solo por las noticias que, como está pasando con la guerra de Ucrania, llegan al principio con mucha fuerza y dramatismo y se desinflan conforme el conflicto se alarga, deja de ser novedad y los medios pierden interés. El seguimiento de las guerras, incluso las cercanas, en los medios de comunicación, tienen arrancada de caballo y parada de burro. El caso es que la idea quedó aparcada y otras novelas ocuparon su lugar.

Allá por el 2019, por casualidad, vi un tuit de Pérez-Reverte en el que comentaba que quedaban pocas plazas para el viaje a los Balcanes donde su amigo y reportero Gervasio Sánchez era el acompañante de excepción. Conocía la carrera de Gervasio y había visto en 2016 la exposición que hizo en la Beneficencia. Me pareció inverosímil poder viajar junto a alguien a quien admiraba desde hacía tiempo, un periodista con alma, auténtico, y testigo directo del conflicto. Me informé con rapidez, el viaje estaba organizado para julio de 2020 y no era un tour al uso: se incluía la visita a muchos de los escenarios del conflicto, con el privilegio de que el propio G. Sánchez explicara sus vivencias sobre el terreno. Me pareció una señal, un milagro. Era el viaje que necesitaba para contextualizar la historia de M. Emocionada, pagué el viaje sin sospechar lo que nos esperaba y todos conocemos: pandemia, confinamiento, restricciones a nivel mundial… Y suspensión del viaje hasta septiembre. La decepción fue enorme. Confié en que se repitiera y poder hacerlo en otra fecha.

Así fue en 2021 se convocó de nuevo, pero en esa ocasión me fue imposible viajar, había publicado El infiltrado y con los cambios de las fechas de muchas ferias del libro tenía esos meses repletos de firmas y ferias. Rabiaba.

Además, en julio comenzó lo que me ha alejado de los teclados y con ello parte del aliciente para un viaje tan intenso. Sin ilusión por escribir, el viaje perdía parte de su sentido.

Sin embargo, estaba escrito que yo tenía que embarcarme en esa aventura.

De nuevo por casualidad, me asaltó un mensaje, escueto y apremiante, sobre la nueva convocatoria: quedaban 26 días y tres plazas. Dudé. Un runrún poderoso me decía que era el momento, que tenía que ir sí o sí, escribiera esa historia o la dejara languidecer en mi memoria. Aunque solo fuera por desconectar y poner distancia geográfica y tecnológica —en Bosnia no hay roaming— del ruido que llenaba mis pensamientos. Y me apunté.

No ha sido un simple viaje turístico, sino un recorrido por la historia reciente de una zona muy conflictiva y no tan lejana a nosotros, vista a través de los recuerdos, el corazón y el objetivo de Gervasio Sánchez. Porque tiene mucho corazón.

Fue al primero que conocí del variopinto grupo que volaría a Dubrovnik, y ya desde el aeropuerto de Madrid quedó patente su vitalidad, su energía, sus ganas y su sentido del humor. Fuimos los últimos en llegar a la T4 porque él venía de Zaragoza y yo de Valencia, y en la carrera hacia la puerta de salida me sentí como si lo conociera de toda la vida. Esa primera impresión de hombre enérgico e imparable se confirmó a lo largo del viaje. Un vendaval que nos arrastró durante trece días por lugares maravillosos y terribles, donde lo mismo hablaba de historia o política que se preocupaba por si nos faltaba algo.

Costa del Adriático

Costa del Adriático

Los que han volado a Croacia saben de la belleza de su costa. Fue lo primero que las catorce mujeres y seis hombres que componían el grupo vimos desde las alturas. Curioso como las mujeres nos lanzamos a viajar solas en mayor proporción que los hombres, algo que confirmó el propio Gervasio de su experiencia en periplos anteriores. Una vez recogidos los equipajes, por fortuna sin novedad (he tenido alguna mala experiencia que conté en tres entradas del blog), se unieron al grupo dos personas más que pasaron a formar parte indisoluble del pack Balcánico: Vesko, el imperturbable chófer del autobús, y la simpar y dicharachera Alejandra, que con su sombrero de cowboy, las gafas de sol y los sempiternos pendientes de aro XL nos ha dejado frases para toda la vida. El grrrruppppoooo o gruppppiiitoooo como ella nos llamaba, estaba completo.

Puesta de sol en Neum

Puesta de sol en Neum

Pasamos la primera noche en Neum, en un hotel espectacular con vistas al Adriático al que llegamos a tiempo para darnos un baño y empezar a conocernos mientras nos adentrábamos, haciendo equilibrios sobre las piedras, en las aguas frías y cristalinas del mar. Al fondo, un sol naranja intenso se sumergía como una galleta de luz que cubría de una calma indolente el paisaje, una calma que duraría poco más que esa noche. Al día siguiente empezaba la aventura.

Hemos recorrido Bosnia-Herzegovina y Croacia a un ritmo militar. Gervasio Sánchez si no es hiperactivo le falta poco y había que aprovechar el tiempo, algo por otro lado muy de agradecer, aunque los madrugones los he llevado mal. Cada día (varias veces), nuestra Alejandra nos recordaba la hora a la que tendríamos que estar con el equipaje en la recepción para subir al autobús, tempranito no se nos agotara el día. Pronto descubrió que no hacía falta insistir, el gruuuupppoooo era de una puntualidad vaticana y tocando la campana estábamos todos en estado de revista

Cascadas de Kravice (Bosnia)

Cascadas de Kravice (Bosnia)

Ha sido un viaje de contrastes, de pasar de disfrutar de la más absoluta belleza a paladear la amargura de los estragos de la guerra. Un recorrido por paisajes de cuento de hadas, como el parque de Kravice donde nos atrevimos a nadar en las frías aguas del lago, rodeados de cascadas; de mezquitas sencillas y maravillosas; de ríos inmensos como el Neretva, cuyo curso seguimos cual soldados de UNPROFOR mientras escuchábamos las vivencias de Gervasio Sánchez, también el Drina, el Mostar, el Miljacka, el Vuka, el Danubio… Bosnia es un país de agua, de verdes intensos y azules brillantes. También de rojo sangre, de tanta como se derramó y que a día de hoy sigue oliéndose en las esquinas, en los recuerdos, en los ceños fruncidos y las caras curtidas. Escuchar a Gervasio en los escenarios donde todo pasó aportaba la nota humana y doliente de un pasado que veíamos demasiado presente.

 

No me imaginaba que, por citar un ejemplo, Sarajevo estuviera todavía como un queso Gruyere, las viviendas con agujeros por todas partes hasta el punto de poder hacerte una idea de desde dónde partían las granadas de mortero, la parábola que describían y el lugar de la caída. Impresiona ver las flores de Sarajevo, unos siniestros cráteres rodeados de manchas de esmalte rojo dónde antes hubo sangre. Y llanto. Y muertos.

En Mostar aprovechamos una noche, tras la cena, para ver el documental Álbum de posguerra que puede verse en Moviestar. Subyugante y emotivo, terminamos muchos con lágrimas en los ojos siendo como es un canto a la vida, a los niños que jugaban ante el objetivo indiscreto de un reportero de guerra atípico, que prefirió retratar la vida a la muerte. Asistir al encuentro veinticinco años más tarde de Gervasio con los niños de la guerra fue emocionante para todos. También para él, a pesar de sabérselo de memoria.

 

Hemos recorrido los escenarios de muchas de sus fotografías. Algunos, completamente reconstruidos, como la biblioteca de Sarajevo. Otros, todavía destrozados, como tantos edificios de esa misma ciudad o el hotel donde se alojó en Vukovar con Arturo Pérez Reverte, que no es más que un amasijo de cascotes y hierros sobre una estructura de hormigón que se mantiene en pie como un fantasma de lo que fue. Hemos visitado hospitales de triste pasado, un campo de concentración, el museo de la guerra y hemos visto como aún hoy entierran a sus muertos, veinticinco años después.

Hemos atravesado carreteras sin quitamiedos, de apenas un carril, con precipicios, con cabras o perros que se cruzaban como si tal cosa, con curvas de casi 360º en apariencia imposibles —en una de ellas la maniobra fue para no creerla: el autobús tuvo que abrirse tanto, hasta el borde del precipicio, que los coches que bajaban de frente hicieron la curva por la izquierda, por el lado interior del autobús, como si fuéramos ingleses— para un vehículo de las dimensiones del nuestro, sin que a Vesko se le moviera un músculo de la cara. Hemos pasado por bosques abigarrados, planicies con campos de cereales, pueblos medio abandonados, ríos azules, verdes, pardos…

Muchos pensarán que qué ganas de viajar para sufrir. En realidad, es viajar para entender, para tomar conciencia, además de para conocer otros países, culturas y disfrutar de un paréntesis respecto a los problemas que quedaron en casa, aunque continúen ahí a la vuelta. Imagino que a ese tipo de viajes se llega cuando ya has viajado mucho de forma más estándar y buscas algo más. Así lo comentaron la mayoría de compañeros.

El viaje terminó dónde empezó, en Dubrovnik, con un aire más festivo y alegre. La ciudad y otras de los alrededores como Split, Trogir o Sibenik, se ha convertido en un referente turístico y, aunque les queda camino por recorrer, la materia prima —monumentos, paisajes, playas— es brillante. Espero que los odios que todavía se sienten se diluyan algún día y la zona se estabilice.

No sé si he regresado con una idea clara de la organización política compleja que mantiene la paz en aquella zona cogida con un hilván desde la firma del acuerdo de Dayton, pero ha valido la pena. Tengo mucha información en la cabeza que no sé si acabará en alguna historia o será una simple vivencia más. El tiempo dirá. Me llevo en el corazón a todos mis compañeros de viaje y espero volver a encontrarme con ellos: Adrián, Begoña, Belén, Conchi, Esther, José Manuel, Inma, Isabel, Magdalena, Maribel, Mariví, Miguel Ángel, Noelia, Paco, Peña, Pilar, Teresa y Sebastián y Aurora —cuánto bien me han hecho, seguro que algún otro viaje caerá—, y por supuesto a Gervasio.

Gervasio Sánchez pronto partirá hacia Perú en otra aventura viajera, y amenaza con organizar uno a Chile para septiembre del próximo año. Si queréis vivir algo inolvidable, estad atentos. Igual nos vemos…

10 Comentarios
  • Aurora Gómez Cuevas
    Escrito a las 12:28h, 12 agosto Responder

    Marta querida, no podías haber descrito mejor el viaje que sin duda también a nosotros nos hizo mucho bien. Te sigo pidiendo que por favor no nos prives del placer de leer nuevas novelas tuyas, y confío que después de este estupendo ensayo en tu blog te animes definitivamente a ello. Ten por seguro que somos muchos a los que nos haces los días más felices leyendo una de tu obras, auTora. AuRora.

    • Marta Querol
      Escrito a las 16:25h, 13 agosto Responder

      Muchas gracias, Aurora. Por tus palabras, vuestra compañía, vuestro cariño… Un gusto haber compartido esto con vosotros. Y gracias por tu apoyo a mis novelas. Para mí es importante.

  • Javi
    Escrito a las 13:55h, 12 agosto Responder

    Hola Marta, en primer lugar que bien volver a saber de tu vuelta a la pluma y a sentirte escribiendo, espero que los motivos de dejar aparcada tu pasión se haya disipado o solucionado y en segundo lugar, gracias por permitirnos acompañarte en esa enriquecedora, en todos los aspectos, experiencia vital. Enhorabuena 👍🏻

    • Marta Querol
      Escrito a las 16:33h, 12 agosto Responder

      Gracias por pasarte Javi, y por tu apoyo siempre presente a pesar de no conocernos.

  • Conchi Morillas
    Escrito a las 16:26h, 12 agosto Responder

    Gracias Marta. Creo que recoges en tu texto el sentimiento común de todos los que hemos compartido este viaje.
    Un abrazo desde Extremadura
    Conchi

    • Marta Querol
      Escrito a las 16:34h, 12 agosto Responder

      Un placer, Conchi. Gracias por pasarte. Un abrazo grande a los dos.

  • Elisa Garcia
    Escrito a las 23:10h, 12 agosto Responder

    Qué bonitas palabras y cómo describes la maravillosa experiencia vivida.
    ¡Cuanto me alegro, y ojalá pudiera alguna vez acompañarte!

    • Marta Querol
      Escrito a las 23:20h, 12 agosto Responder

      Ay, Elisa, es que ha sido un viaje muy especial. A ver cuándo podemos hacer uno nosotras. Un beso y gracias por pasarte.

  • Mercedes Catalan Doto
    Escrito a las 12:14h, 20 septiembre Responder

    Gracias Marta, por leer un libro tuyo, el primero para mi, que me ha hecho olvidar mis preocupaciones diarias y aburridas. Me estoy refiriendo a Las guerras de Elena II. Y no será el último que lea tuyo. Eres refrescante en la lectura y te hace ponerte en el lugar de la protagonista, viviendo su vida. Estoy por la mitad. Bueno también he visto los viajes que haces y que haces que al leer los relatos apetezca ir también. Así que gracias. Por todo

    • Marta Querol
      Escrito a las 12:23h, 20 septiembre Responder

      Muchas gracias a ti, Mercedes, por tus palabras. Es lo mejor que puedes decirle a un escritor. Ojalá te animes a seguir leyendo mis obras. Y sí, este viaje fue muy especial por muchas cosas, por la compañía, los sitios visitados y el valor añadido y humanidad que aportó Gervasio Sánchez. Un privilegio viajar con él. Un abrazo y gracias de nuevo por pasarte por aquí.

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