Y el #DíadelLibro ¡volvió!

Hacía mucho que, por distintas razones, no disfrutaba del Día del libro. Mi último libro publicado fue Breverías, en junio de 2019 así que aquel San Jordi de 2019 no tenía libro nuevo y en 2020 ni tenía libro nuevo ni hubo forma de celebrar un día tan señalado para los amantes del mundo del libro. Estábamos todos encerrados y solo pude celebrarlo con la acción que inicié por aquellas fechas.

Igual por eso este 23 de abril me ha hecho una ilusión especial. Nuevo libro, nueva editorial y día completo de firmas. Para calentar motores, la semana anterior pasé el sábado en FNAC Bonaire. Era un hito, porque allí no suelen tener mis novelas. Al menos la trilogía hace años que no la tienen.

Y, como suele pasarme cada vez que tengo jornadas de promoción, fueron muchas las anécdotas. Ese primer día llegué a la librería y ya me esperaban unos amigos de juventud a los que hacía muchos años que no veía, para que les firmara el libro. Fue una bonita forma de empezar la jornada, recordando otros tiempos con caras amigas. No fueron los únicos. Se agradece mucho recibir la visita de amigos en esas jornadas maratonianas de firmas (Miguel Ángel, Magda, Elisa, Manolo, Claudia, gracias).

Como curiosidad, justo en frente de dónde yo firmaba estaba la columna del libro de Paz Padilla, en expositor preferente. Salía como churros. Por la mañana no se vendió casi ninguno, había poca gente, pero por la tarde se animó mucho la cosa y cada diez minutos más o menos llegaba alguien preguntando directamente por él. Pronto tuve claro que no valía la pena ofrecer mi libro a quien iba con la idea clara de llevarse el de Padilla. Acabamos casi en empate, con la diferencia de que el de ella salía solo.

La anécdota del día fue la comida. Busqué un sitio con poca cola y que el menú fuera ligero. Me puse detrás de dos personas que hablaban animadamente y esperé. Cuando salió la encargada voceando una reserva para cuatro que no apareció, a las dos que estaban justo delante se les ocurrió que si comía con ellas tendríamos mesa las tres sin tener que esperar más. Y dije que sí. Esto es muy frecuente en el extranjero, pero en España, y a pesar de lo sociables que somos, no suele hacerse. Fue una idea estupenda, Juani y Elena me acogieron como si me conocieran de toda la vida y además resultó que teníamos amigas en común. De comer sola, a comer en buena compañía. Y además quisieron invitarme y llevarse El infiltrado. No se puede ser más bonicas. Ojalá vuelva a verlas algún día.

Cuando empiezas un día de sesión de firmas siempre tienes la incertidumbre de cómo irá. Yo ese día pensé que iría flojo y me equivoqué. Al final no quedó un solo libro. Y conocí a gente muy interesante con la que tuve la oportunidad de hablar no solo sobre mi novela sino sobre la lectura en general.

Este viernes era un poco diferente. Por la mañana estuve en la Librería Gaia, que es como estar en casa. También coincidí con alguna buena amiga (gracias, Celia, por dejarme el rinconcito tan apañado). Hacía frío, pero pasó rápido y se firmaron libros, incluso uno de bolsillo de Las guerras de Elena. Y por la tarde llegué a FNAC pensando que sería una tarde tranquila, más o menos como la del sábado anterior en Bonaire, y mi sorpresa fue la cantidad de gente que había. Es algo que ahora nos llama la atención, una imagen irreal, hordas de lectores, todos con mascarilla como salidos de una nave espacial, moviéndose en un extraño baile de imanes que se repelen para mantener la distancia.

Por fin pude conocer a Silvia Sanfederico, compañera de letras, lectora y amiga en redes a la que ya tenía ganas de desvirtualizar. Pudimos comentar sobre temas que compartimos y nos interesan a ambas, y sentirnos un poquito más cercanas. Conocí a una señora que se dedicaba al Tarot y se enamoró del libro antes de saber que trataba, precisamente, de la frontera con el Más Allá. Vino una chica encantadora que estuvo la semana anterior en Bonaire y no se lo pudo llevar. Hay personas que tienen ángel y ella lo tiene. Acudió una amiga a la que hacía mucho que no veía, Amparo, y fue una alegría inmensa, la excusa perfecta. Aprovechamos para ponernos al día. Unos chicos se lo llevaron para su mejor amiga, emocionados de que fuera dedicado para ella. Una señora muy elegante con acento francés, para su hija. Un caballero que me conocía por unos temas administrativos del ayuntamiento también se acercó y se lo llevó. Gracias a Vicente, Silvia, Amparo, Verónica, Cinthya, Rafaela,  Alberto, Salvador, Ximo… y  tantos otros como se acercaron y quisieron llevarse El infiltrado. A pesar de que con el tema de distancia y mascarillas se hace difícil acercarse a los lectores, fue una muy buena tarde. Aunque, de nuevo, no tan buena como la de Paz Padilla.

Es un tema recurrente, el de los libros de los famosos. Muchos escritores y lectores cargan las tintas contra ellos. Y, sin embargo, puede que sean los que salven al sector de morir de inanición. Esos libros no se suelen piratear, son un fetiche, se quiere tener el libro físico de ese personaje o regalarlo. A mí me preguntaron si la humorista no estaría firmando también, les dije que no, que yo supiera Paz Padilla no estaba por allí, y la cara de decepción era un poema. Libros como este permiten a las editoriales aventurarse con autores menos conocidos, más arriesgados, porque saben que con ellos tienen las habichuelas garantizadas. Mentiría si dijera que no me gustaría que fuera el mío por el que todo mundo llegara preguntando, pero me alegró ver que el ritmo de ventas de este y otros libros era más que saludable. La palma se la llevaron, junto a este, el de Sira de María Dueñas y el último de Javier Castillo.

Claro que era el día del libro, pero hacía mucho que no veía tanto público junto en algo relacionado con los libros y no solo por la pandemia. Así que ha sido motivo de alegría, en lo personal y en lo general. A ver si para el día de la Madre (*) son muchos los que deciden regalarle un libro y esto se sigue moviendo.

Y vosotros, ¿os comprasteis algún libro?

 

 

(*) Si alguien quiere alguno de la trilogía dedicado, puede pedirlo a través de la web.

1 Comentario
  • Fina Señalada López
    Escrito a las 16:18h, 26 abril Responder

    Para mi también fue un día del libro especial.
    Si el año pasado lo pasé acabando de leer tu trilogía de los Lamarc, este año lo he hecho comprando «El infiltrado» y «Yo que tanto te quiero» en papel, ya que aunque los tengo todos en digital necesitaba tenerlos en libro físico y eran los que me faltaban.
    Gracias por acercarte a Librería Gaia y firmar mis libros.
    Ahora… a releerlos.

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