Pasado y futuro

A lo tonto, a lo tonto, ya han pasado 10 días de septiembre y no ha habido forma de ponerme a escribir. La verdad, me ha faltado concentración, ánimo y ganas, tres cosas fundamentales. Lo que me nacía escribir no podía publicarlo y lo que debía escribir para el blog no me salía por esa apatía posveraniego. Pero aquí estoy, reanudando el camino, con un otoño en puertas que amenaza ser intenso y muchos cambios importantes en lo personal y en lo literario que van a marcar el futuro. Espero acordarme de cómo se gestiona el blog.

Comenzaré por un pequeño balance del verano, que no de las vacaciones porque he trabajado mucho.

Este agosto ha sido tranquilo, uno de los más sosegados que recuerdo, disfrutando del mar y de la compañía de buenas amigas. Ello ha facilitado el que pudiera terminar las correcciones de la tercera novela, «EBYF», que cerrará la trilogía de «El final del ave Fénix». Muchos me preguntan por el significado de las siglas, pero soy un poco maniática con el tema y no me gusta decir el título hasta saber que es el definitivo, aunque a mí cada día me gusta más. Finalizar la primera corrección no es mucho, todavía queda un largo camino por recorrer, pero es un avance que permitirá, cuando esté en limpio, que terceras personas lo lean y lo descuarticen para seguir corrigiéndola.

Otro de mis propósitos del verano era leer cinco libros. Pues no ha sido posible. Terminé «La Regenta», de Clarín, y cerré el libro con ganas de volverlo a leer. Leí «La interpretadora de sueños» de Rafael R. Costa, una subyugante novela que me atrapó desde el principio y me ha permitido descubrir a un escritor como la copa de un pino ―no en vano ha sido varias veces finalista (con minúscula, de los buenos, vamos) en el Premio Planeta, y de la que dejé opinión en Amazon. Pero a continuación comencé  «La loba de Al-Andalus» y, como me temí, los demás libros quedaron aparcados. Lo bueno es que me ha tenido enganchada todo el verano (y sigo) a la fascinante historia de Mardanish, el rey Lobo, del que nunca había oído hablar, y de su favorita ―intrigante, ambiciosa, inteligente y sensualZobeyda. Al ser una novela de 976 páginas, imposible de abandonar, y yo una lectora tranquila, no me ha dado para más. Pero los pendientes siguen en la cola y espero que caigan antes de final de año si los proyectos por llegar me dejan tiempo para leer.

     


De momento el lunes vuelvo a la radio, al programa dirigido y presentado por José Luis Torró, El Baromètre, en Radio Nou, que se emite a partir de las 10 de la noche y comenta la actualidad económica de la Comunidad Valenciana y del mundo en general; y el martes también regreso a Mediterráneo TV pero con nuevo horario. Talento Mediterráneo se emitirá en directo a las 9 de la noche y habrá novedades en cuanto al formato.

En octubre comenzaremos a preparar el lanzamiento de «Las guerras de Elena», con diseño de nueva portada, correcciones a fondo y todo lo que implica la edición de una novela que llegará a las librerías la tercera semana de enero, si todo va según lo previsto por Ediciones B. Una fecha a priori mala, pero trabajaré para que no lo sea. Vuelvo a estar sin agente, por decisión propia, pero no cambia nada respecto a mi situación anterior. Y claro, con la novela en la calle espero, esta vez sí, poder hacer algunas presentaciones, en tiempo y forma, en aquellas ciudades de España en que sea posible, porque aunque lleva un año en edición digital, esta será su puesta de largo.

Lo dicho, el invierno promete…


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