Decepciones, esperanzas y cookies locas

No hace mucho leía a una compañera de letras confesar con amargura la decepción que le ha supuesto, en términos generales, publicar; en su última novela había puesto muchas esperanzas, las cosas no han salido como le habría gustado, y el desánimo se ha apoderado de ella. La pandemia ha afectado a muchos sectores y el del libro no es ajeno, aunque su debacle es más silenciosa que otras. Los títulos que tendrían que haberse publicado durante la pandemia se quedaron en su mayoría en los almacenes, sin distribuir. Muchos no llegaron siquiera a imprimirse, entre ellos la trilogía de Los Lamarc, y los contratos acabaron con una marcha atrás sin solución.

El caso es que muchos libros no vieron la luz y los que lo hicieron fue con muchísimas dificultades; dificultades que perduran: librerías cerradas durante meses, competencia de la venta on line, reducción de aforos, de horarios, miedo de muchos a entrar, imposibilidad de manosear los libros ―uno de los placeres de visitar una librería―, presentaciones y firmas de libros suspendidas… En definitiva, casi una parálisis que afecta a todo lo que rodea este sector. No es tan notorio como la hostelería, pero también tiene tela. En esta situación es difícil sacar conclusiones sobre si vale la pena o no seguir escribiendo. Eso le decía a mi compañera, que no decidiera nada tras este año, que todo está distorsionado y, hasta el mejor colocado en las listas, con todos los medios a su alcance, no ha funcionado como esperaba.

Pero la entiendo bien. Somos muchos los que pasamos por esos momentos de desánimo, incluso de desesperación, en algún momento de la vida literaria. Te pasas un par de años escribiendo, a veces más, a veces menos, consigues que una editorial se interese, te ilusionas y entras en el círculo virtuoso: las críticas son buenas, confías en tu trabajo, te hacen alguna entrevista, recibes comentarios de los lectores… Pero, salvo que seas alguien conocido, la difusión es escasa, muy local, sin demasiada repercusión; llegas a algunos blogs, pero los suplementos culturales te ignoran; recibes alguna opinión bajuna… Pronto ves que la distribución, que empezó como un cohete, a los dos meses está muerta porque no ha habido el tirón necesario en ese breve tiempo; lectores interesados te contactan, pero ahora lo hacen porque no encuentran la novela, como si tú pudieras solucionarlo; surgen problemas con las liquidaciones que no entiendes… Y el globo se desinfla hasta que chocas contra el suelo y asimilas que esa vez tampoco despegarás. Eso sí, el libro lo puedes descargar de forma ilegal en infinidad de sitios, porque esos «amantes de la cultura» carentes de escrúpulos ni decencia se han tomado la molestia de subir tu libro para que no veas un euro por tu trabajo. Y te planteas tirar la toalla.

Hasta que llega una nueva idea, una nueva ilusión, una editorial y vuelves a empezar. Releo lo anterior y sé que tiene un regusto amargo, cuando el lanzamiento de un nuevo libro siempre es motivo de alegría, y en esa fase estoy yo,  en la rampa de despegue, en el arranque de la espiral del círculo virtuoso, aunque con la ilusión lastrada por todas las experiencias vividas, que no son pocas, y los pies en la tierra ―creo que siempre los he tenido―. Mi globo no vuela: repta, escala, se esfuerza. Pero sube, lento, sin prisa.

Empiezo andadura con una editorial nueva para mí, pero con la que he colaborado en muchas ocasiones. Han hecho una apuesta valiente por muchas razones. Por un lado, como he comentado en otros artículos, publiqué la novela bajo seudónimo en verano. Fue como un ensayo para ver cómo se aceptaba un texto tan distinto, sin el prejuicio de saber que era yo la autora, pero esto implica que la novela ya tiene un recorrido, no es «virgen» y eso requiere un esfuerzo mayor para rentabilizarla. Y por otro lado, estamos como estamos, en una situación muy similar a la de hace seis meses a efectos de movilidad y de poder visitar una librería. De hecho, mientras escribo esto, me entero de que cierra otra librería en la que trabaja una amiga apasionada de los libros. Triste noticia, reflejo de la situación. Como decía, una apuesta valiente la de Sargantana, por partida doble.

Mapa de librerías dónde comprar El infiltradoEs el inicio de un camino que espero que sea largo y fructífero. De momento la comunicación con la editorial es estupenda, todo fluye. El libro ya puede encontrarse en muchas librerías de toda España ―os recuerdo que a través de todostuslibros.com podéis encontrar casi cualquier título publicado con editorial y os lo envíen a casa― y también han comenzado las entrevistas. Una de las primeras de esta nueva etapa es la que me hizo Margarita Quesada en Instagram. Comenzó con una foto personal de un día que compartimos en un acto solidario en FIVAN,

Entrevista a Marta Querol

Entrevista en directo en «La escalera de Margarita»

Hablamos de muchísimas cosas, no solo de El infiltrado. Hubo risas, confidencias, recuerdos, reflexión, e incluso un trasfondo filosófico. Temas personales y literarios. Casi una hora dio para mucho, incluso para brindar. La mejor muestra del batiburrillo de temas que hilamos es el cacao que el espía Google Bond se ha hecho con la conversación ―podéis verla aquí―. Todos somos conscientes de que nuestros teléfonos nos escuchan, graban, procesan y usan esa información, igual que las redes sociales absorben toda nuestra actividad en ellas sin orden ni concierto. Es incómodo, inquietante, pero inevitable. No hace mucho arrastré unas sillas que hacían mucho ruido, sin mediar palabra, y al rato mi telefonino, que dicen los italianos, me ofrecía funditas de silicona para que las patas no hicieran ruido. Alucinante.

Pero, a lo que iba, cómo sería la conversación con Margarita Quesada, que al poco tiempo empezó a entrarme en mis redes sociales la publicidad que aquí os comparto; además, toda junta, una foto al lado de la otra, cual resumen de la conversación. No sé a vosotros, pero a mí me hizo mucha gracia:

 

Claro, hablamos de sexo, del placer, de instintos, del páter Cósimo, del Códex Lux Viaore, de muertos, de libros, de amistad… Y con todo eso el Gran Hermano ha decidido lo que me interesa. Confieso que la especie de braguero de goma no sé ni lo que es. Ignoro si a Marga también le han llegado cosas así. Si os animáis a escuchar la entrevista ya me contaréis si las cookies se vuelven locas.

Y, para terminar, si os atrevéis a leerlo y os gusta, os quedaré eternamente agradecida si en estos momentos tan difíciles ayudáis a difundirlo y que se conozca. Estamos atados de pies y manos y mucho me temo que solo contaremos con el boca oreja para recorrer el camino y cada opinión, cada reseña, cada recomendación, será necesaria.

Gracias por estar siempre ahí.

 

2 Comentarios
  • Maria Jose Moreno
    Escrito a las 10:45h, 25 febrero Responder

    No puedo añadir nada a lo dicho. Mucha suerte con tu nueva publicación, la mereces. Un fuerte abrazo.

    • Marta Querol
      Escrito a las 10:59h, 25 febrero Responder

      Muchas gracias, un abrazo compañera. Vendrán tiempos mejores.

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