30 Ene Peligro, ¡sinceridad brutal!
Miedo me dan los talibanes de la sinceridad absoluta. Ser sincero, como antónimo de ser falso, es bueno, por supuesto. El engaño es una práctica perniciosa. Pero la sinceridad llevada a sus últimas consecuencias tampoco es una virtud, al menos desde mi punto de vista, y tiene mucho de grosería, soberbia y prepotencia. Reconozco que en mis tiempos mozos yo también iba por la vida de «supersincera». A esas edades todo es extremo, se peca de soberbia y parece que todo lo que sea desviarse de las propias convicciones o...