Viendo uno de esos vídeos que se comparten en Facebook, he recordado algo que viví en primera persona hace tiempo y que fue algo parecido, aunque en versión reducida, a lo mostrado. El vídeo lo pongo aunque no sé lo que durará; ignoro si tiene derechos o no, y si me lo harán quitar, pero vale la pena verlo. Es largo, señor impaciente ―sí, usted, el que se lo va a saltar o hacer clic para irse a otra página―, unos quince minutos que hoy son una eternidad. Pero es...

Siempre me pasa igual, las semanas me vuelan y al final subo la entrada del blog los viernes o el fin de semana que son los peores días. Pero es que me faltan horas, palabrita. Leyendo a mi amiga y admirada escritora Antonia J. Corrales, y las espectaculares reseñas que ha cosechado con «En un rincón del alma», pensé que no se me había ocurrido contar cuantas había tenido yo con «El final del ave Fénix», y lo he hecho. Hasta la fecha llevo casi 35 reseñas de la novela, que...

Miedo me dan los talibanes de la sinceridad absoluta. Ser sincero, como antónimo de ser falso, es bueno, por supuesto. El engaño es una práctica perniciosa. Pero la sinceridad llevada a sus últimas consecuencias tampoco es una virtud, al menos desde mi punto de vista, y tiene mucho de grosería, soberbia y prepotencia. Reconozco que en mis tiempos mozos yo también iba por la vida de «supersincera». A esas edades todo es extremo, se peca de soberbia y parece que todo lo que sea desviarse de las propias convicciones o...

Muchos son los que me preguntan cuánto falta para que salga la nueva novela. Es lo que tiene acabar la anterior dejando cierta expectación en el aire. Y yo les contesto que la cosa va para largo. No debería, pero así es.      Los motivos son variados. El primero es que apenas saco tiempo para escribir. Promocionar las novelas que ya están a la venta quita tiempo, debo seguir las estadísticas, mantenerme presente en las redes sociales, aunque no sea de las que solo se dedican a hacer publicidad ―o...

Llevo un par de días dándome ánimos para escribir la entrada de cierre del año ―haciendo gala del apodo «la clamores», que me puso mi amigo Carlos―, como hice el año pasado, que por cierto podría suscribir íntegramente en lo personal. Pero la verdad es que me ha costado reunir fuerzas para hacerlo. No entraré en lo que ha sido este año en general para todos, en esta España marchita; ya me despaché con «Un poquito de demagogia, por favor». Me centraré en lo propio, que es lo que toca. El inicio...

Las cosas no suelen ser como las vemos. Tendemos a movernos en círculos en los que se habla de determinados temas, se tienen enfoques comunes y participan o destacan siempre las mismas personas. Eso da la sensación equivocada de que «el mundo» se reduce a eso, y algunos terminan creyendo que son el ombligo de ese mundo. O incluso asumen que lo que ahí se dice y se habla es la opinión de todos, dentro y fuera del círculo. El caso más claro es el de los políticos, pero no...

Eran días de merienda obligatoria y carreras por los pasillos. De inocencia y sueños en blanco y negro. Eran días no siempre fáciles, ni felices, pero precisamente aquel grito de guerra que tronaba desde el televisor me obligaba a gritar a pleno pulmón un «bieeeeeeeeeeen» que me devolvía la alegría, porque quien preguntaba «¡¿Cómo están ustedeeeeeeeeees?!» era un hombre de mirada limpia, risueña y bondadosa junto al que nada malo parecía posible que pasara. Los recuerdo en blanco y negro, aunque yo los sentía en colores, y fuera cual fuera...

Hace unos días tuve una reunión con amigas de toda la vida, de esas que siempre están ahí, y cuando llegué a casa solo pude sentarme al ordenador a escribir. Todos dormían, era muy tarde, pero no pude evitar sentarme a escribir. ¿Por qué? Porque cuando estoy tan inundada de sentimientos no puedo dormir sin vaciarme, mi mente bulle, mi corazón explota y necesito dejar salir esa fuerza por mis dedos. Vosotras sabéis quienes sois, así que no lo diré para preservar ese necesario anonimato, pero esto necesitaba escribirlo para...

La demagogia y la cortedad de miras están a la orden del día. Mucho he leído esta semana en cuanto a lo inapropiado de las celebraciones futboleras, por muy hito histórico que fuera, cuando España va a la deriva y además, precisamente en ese momento ardían las tierras valencianas con una virulencia pavorosa.  Pero no ha sido solo esta semana. Lo mismo pones una foto de una fiesta y te dicen que en Uganda la gente se muere de hambre; o se dicen cuatro tonterías y te hablan de desahucios, echándote...

Hará cosa de un año y medio escribía un artículo en mi columna semanal del periódico bajo el título de «La envidia». En los últimos tiempos me ha venido a la cabeza en innumerables ocasiones por razones distintas a las que entonces me lo inspiraron, pero el fondo es el mismo y no me resisto a ponerlo aunque no es en referencia a nada en particular sucedido esta semana. No vayamos a ponernos a investigar qué fue lo que pasó. Siempre se ha dicho que uno de los males endémicos de...